Nuestra hermana pequeña

PELÍCULA Japonesa del 2015:

Una película de KORE-EDA HIROKAZU, con un guión escrito por él mismo y sacado del Manga de Akimi Yoshida: Humimachi Diary.nuestra-hermana-pequec3b1a2

Historia de cuatro Hermanas, muy diferentes entre sí, un trazado de personalidades maravillosamente interpretado, y la genialidad del director para mostrar las distintas relaciones. Una delicia, dulce, amorosa, los que conocéis al director sabéis que no son adjetivos que pueda uno atribuir a otras obras suyas como Still Walking (2008), De tal padre, tal hijo (2013), y mucho menos a la cruda Nadie Sabe (2004). Todas ellas muy recomendables.

Su temática gira casi siempre en el entorno de la Familia, y especialmente es una constante su forma de tratar la pérdida de seres queridos, la muerte, el duelo, el sufrimiento que las pérdidas llevan consigo. En esta ocasión y aunque la película comience con la muerte de un Padre, donde tantas historias arrancan, es para mi gusto una obra que trata el Amor.

Que la disfrutéis.

Enrique de Diego

Un comentario en “Nuestra hermana pequeña

  1. Venancio dijo:

    Efectivamente una delicia. Dulce, amorosa… Yo diría aún más: una de esas películas que te acaban poniendo en otra “onda” cerebral, o en otro estado alterado de conciencia: el del amor… (como bien dice Enrique). El de darse cuenta que en el fondo lo único que mueve la vida es el amor.
    Y un comentario más, si me lo permitís, sobre el cine de Kore-Eda: es un maestro en el arte de hacernos percibir emociones y sentimientos auténticos con sus imágenes. Y creo que Kore-Eda lo consigue con el “lenguaje” que utiliza. No se trata del típico ritmo del cine oriental (en el que se ve crecer la hierba), sino que modifica el lenguaje cinematográfico común y corriente (el norteamericano, el más universal y estandarizado), al que estamos tan acostumbrados que ni lo vemos. Y creo que lo consigue con recursos propios del lenguaje audiovisual un poco “modificados”: esos planos tan largos, esas miradas, esos silencios… Creo que son precisamente esos planos largos “naturales”, que duran y duran lo que la acción requiere, a veces en silencio, y que dan tiempo para “respirar” lo que ocurre (no sólo lo que se dice), que dan tiempo para “sentir” lo que pasa entre las personas, emociones y sentimientos… No sé, eso creo (puede ser una propuesta para observarlo), que ese ritmo, esos encuadres tan aparentemente normales pero tan cuidados, tan “contemplativos”, esos silencios… nos vayan metiendo en la onda de sentir (y no tanto de pensar y procesar, imágenes, mensajes, diálogos…, como el cine común nos pide). Y salgamos un poco trastocados, contemplativos, amorosos, como las imágenes y las historias de Kore-Eda nos dejan…

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