La carta de Antonio

El editor de la futura revista ha recibido una deliciosa respuesta a su invitación a participar en el blog.  La epístola de Antonio Guijarro la reproducimos tal y como nos llegó con su consentimiento.

Querido Enrique

Me gustaría complacerte. Tanto por obra y gracia de la seducción, como por el grato recuerdo que guardo de ti – recuerdo que tu amable carta no ha hecho sino reanimar.

Pero…

Desde siempre he tendido a lo que, si no me equivoco, hoy llaman “minimalismo”. A reducir todo al máximo, para quedarme con lo, para mí, esencial (por lo que desde el cole se me ha dado bien hacer super- extractos a la hora de estudiar… y fatal, rellenarlos debidamente de ‘paja’ a la hora de los exámenes… con lo que las notas solían ser igual de ‘minimalistas’, menos con los ‘profes’ de sesgo similar al mío, que eran, para mi desgracia, una minoría -‘selecta’ todo lo que se quiera, pero minoría a fin de cuentas).

De ahí, el no haber sentido nunca la necesidad de pertenecer a ‘conjuntos’ (ideológicos, religiosos, profesionales, sociales, artísticos, vocacionales, científicos, institucionales, de ‘ocio y tiempo libre’, filantrópicos, políticos, etc.). Si a alguno, de forma más nominal que real. Suponen demasiada complicación para mí. El ‘extra’ que conllevan, más que nutrirme me empacha, haciéndome con su abundancia perder de vista el único alimento para mí digerible : lo simple. Por eso mi terapia es la que es. Desprovista de todo lo que no sea lo que de por sí solo se va dando…  -como ya sabes.

De ahí, también, mis escasísimas publicaciones. Y ‘public relations’. Con decirte que no tengo ¡ni móvil! No porque me niegue a él, sino porque hasta ahora me sobra.

Y, sin embargo, no me siento solo. Hablando metafóricamente : en la desnudez me siento más íntimamente acompañado que con ropa por medio… Dicho así, la cosa no resulta tan rara, ¿no?

Pero, bueno, todo esto ¿a qué santo?

Pues a santo de que, a pesar de mis ganas de satisfacerte, lo de ponerme a desarrollar para un artículo el tema de LOS HERMANOS, por interesante que en sí sea, me supone uno de esos ‘pluses’ de los que tiendo a mantenerme al margen. Podría hacerlo, pero esforzándome – o sea, a la fuerza, con lo que, por ti, iría contra mí. Cosa que no quiero. Quiero complacerte, pero no a mi costa. ¿Entonces?

Pues, se me ha ocurrido recurrir a una forma de expresión que me permite decir en un santiamén, sin tener que extenderme, lo que pienso del asunto : el haiku japonés (3 versos de sólo 5, 7 y 5 sílabas cada uno).

Así :

“¿QUIÉNES MIS HERMANOS?”

(Pregunta bíblica : Mt 12,48)

Hermano soy

del OTRO cuando toco

en él… mi YO.

 

(Mientras no, no)

 

Eso es, por ‘narcisista’ que a oídos psicoanalistas suene, lo que, si voy a ser sincero, me sale decir sobre el particular. Más, en mi caso, sería ‘paja’. La ‘paja’ con la que tanto me cuesta manejarme, y que, por lo general, prefiero ahorrarme.

Pero no sé si eso basta para un artículo “como Dios manda”…

En caso de que sí, yo, encantado.

Ya me dirás.

Sea como sea, me alegro que esta cuestión nos haya puesto de nuevo en contacto.

Un fuerte abrazo.

Antonio

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