Los niños y la muerte

Los niños y la muerte.
Elisabeth Kübler-Ross
Ed. Luciérnaga
Librería Tipos Infames
Precio 18 €

Andaba por la página 108, cuando se me resquebrajaron las reticencias a recomendar este libro. Una lectura demasiado delicada para padres que estén en plena crianza y que padezcan de dotes obsesivas parecidas a las mías (conozco muchos). Así pensaba en mi paseo por los primeros capítulos. En cualquier caso, dicho está, como estela de un proteccionismo paternalista que deseo dejar atrás, para alcanzar las aguas del cuidado bien entendido.

Es la primera obra que leo de la autora, a la que sólo conocía por las múltiples referencias de otros. Llegué a este libro por necesidades de atención terapéutica, en un intento de abrirme a uno de los mayores sufrimientos que existen, la muerte de un hijo. Consciente de que estaba a cien mil años luz del dolor de mi paciente, una Madre que había perdido a su hijo en un accidente de la vida. Contaba con todo el respeto, con toda mi compasión, con el afecto que por ella sentía. Invocaba en cada sesión mis mejores cualidades terapéuticas y humanas y sabía que para acompañar este duelo y su proceso, todo era necesario e insuficiente.

Necesitaba, como ella, como todos los que han sido tocados por tan dramática experiencia, escuchar a otros que hubieran atravesado esas vivencias. Y ese es uno de los valores de este libro. “Esta obra ha roto el silencio que antaño reinaba en las salas de enfermos terminales de cualquier hospital y, al hacerlo, nos muestra con qué don especial el espíritu humano se prepara para su extinción” (Time)

Apareció su primera edición en noviembre de 1992. En ella la doctora Elisabeth pregunta y se pregunta: “¿Qué es, pues, perder un hijo? ¿Quién ayuda a lo largo de esta prueba? ¿Cómo podríamos ser menos indiferentes a lo que reclaman aquellos que se ven afrontando semejante sufrimiento: uno de los mayores que existen? ¿Cómo pueden los padres que pierden a un hijo recobrar algún día la existencia normal y feliz?

Es probable que se necesite un poco de coraje para iniciar la lectura, no más que el requerido para mirar la realidad y verla tal cual es. No es un libro lúgubre. Está cargado de sentido común, de testimonios y experiencias, de compasión, valor, espiritualidad y realismo práctico, no es dogmático ni divulga teoría particular alguna. Tiene, eso sí, un posicionamiento de Fe, el que en su día le costó la reprobación de la ‘clase científica’.

“Se me ha criticado por ‘involucrarme en asuntos espirituales’, como dicen algunos, habiéndome formado en la ‘ciencia’ de la medicina. Otros, ante mi creciente conciencia espiritual, descalifican mi trabajo diciendo que ‘Kübler-Ross se ha vuelto psicótica; ¡ha visto demasiados niños moribundos!’. Me han llamado de todo…”.

Tal vez su insistencia en las ‘experiencias en el umbral de la muerte’ le haya granjeado los peores ataques, aclara: “El propósito de este libro no es escribir un tratado sobre las experiencias en el umbral de la muerte y la posterior investigación sobre la supervivencia. Sólo quiero añadir algunos ejemplos para ayudar a otros que hayan tenido experiencias similares a que compartan lo que se les ha revelado”… “Los que han vivido cosas parecidas relacionadas con la muerte de un niño, se pueden consolar sabiendo que no están solos ni están locos”.

Personalmente no cuento con esta posición de fe respecto a la existencia después de la muerte, y tengo menos fe en esa clase médica que ha denostado a tantos de sus pioneros e investigadores en muchos casos por ignorancia, corporativismo o arrogancia. Tampoco creo que Ella haya hecho muchos amigos en el negocio farmacéutico con afirmaciones como: “Miles de personas carecen de una verdadera compañía en momentos de crisis; nadie está dispuesto a hablar con ellos y compartir su pena, frustración, rabia y angustia de la mejor manera posible. Hay cientos de miles de personas a las que se suministra Valium como sustituto del cuidado humano, de la exteriorización del dolor emocional, quedando por ello en un estado en que ni viven ni mueren.” “… se les droga para nublarles la conciencia y sedarles las emociones”.
Lo afirma al ilustrar la historia de Laura, una madre que perdió a su bebé en el parto, e insiste en ello a lo largo del libro.

Contaría muchos más de los apasionantes y escalofriantes datos que el libro aporta, pero no quiero desviarme más del tema que cultiva este blog: Los Hermanos. No se olvida de expresar la necesidad de compartir con los hermanos, de hacerles partícipes de los procesos, “a los que demasiadas veces se relega a un segundo plano, cuando se mima al niño enfermo con cosas materiales, viajes a Disneylandia y todo tipo de desesperados intentos de ‘disimular’, que a veces beneficiarían más a los que sobreviven que al niño enfermo”. También aborda la necesidad de participación de la comunidad cuando cifra recursos, grupos y sistemas de apoyo, ya sean Amigos Compasivos, Hospicios, Voluntarios…, lo que venimos llamando el cultivo de la fraternidad.

En este tiempo he caído en la cuenta del número de mis pacientes que han visto afectada su vida por la muerte de un hermano o una hermana, y espero que esta revista nos dé ocasión de compartir esta cara de la vida con la que tantas veces nos encontramos en terapia y en ayuda, y que tan poco ilustrada está en la profesión.

No aborda la autora un hecho que nos afecta a muchas personas: La presencia por ausencia de un hermano o hermana (en mi caso) fallecido antes de nuestro nacimiento. A los que no conocimos, y de los que en muchos casos se heredó nombre y/o expectativas. Un tema de profundo calado psicológico que bien merecería un artículo, si alguien se anima. Un hecho, casi invisible, con el que nos encontramos en la consulta de psicoterapia y en la vida cuando intentamos ayudar a otros.

Termino. Mi Hermana estuvo presente en la ceremonia de mi boda, representada por una vela que iluminó las sombras de una parte de mi existencia. Nunca como ahora había sentido el dolor de mis Padres por la pérdida de su primera Hija, algo que siempre he sabido y ahora me Doy Cuenta. Descansan en Paz.

Abrirme al dolor me ha abierto al Amor en una de sus múltiples dimensiones. Y por todo ello ésta lectura es una recomendación personal, como lo es esta reseña.

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Un comentario en “Los niños y la muerte

  1. Susana Serrano dijo:

    Recién estrenada en la maternidad (tengo un bebé de 5 meses), inicié la lectura de este libro ejemplar, como todos los que he leído de su autora. A pesar de no ser un libro lúgubre como señala Enrique, tuve que dejarlo para no tocar profundamente con el miedo a la pérdida, ahora que hablan de la muerte súbita del bebé. Y este miedo extrapolable a perder a los más allegados. Así que para no obsesionarme, interrumpí la lectura.

    Hasta donde leí , algo menos de la mitad, me encantó. Toda mi admiración a esos padres y hermanos capaces de transitar el dolor y sintonizar de nuevo con la Vida., pese al vacío.
    Me quedo con el punto ciego de los hermanos sanos frente al hijo enfermo y con las señales que a veces algunos niños moribundos dieron a sus padres antes de morir.
    Un libro espiritual que me pone en mi sito y en la realidad de valorar la fortuna de tener a mis seres queridos aquí conmigo y una esperanza para cuando ya no estén.
    Una lectura boquiabierta y entusiasta al adentrarme en los numerosos testimonios y reflexiones que ofrece el libro .
    Muy interesante para acompañar procesos de duelo por muerte y por otro lado, para reflexionar sobre la propia vida (el otro polo de la muerte).
    De seguro algún día retomaré el libro!

    Y para finalizar, se me dibuja una sonrisa al visualizar la vela representando a tu hermana en un día tan especial. Que el recuerdo de los seres queridos fallecidos siga brillando como una estrella.
    Abrazos a la familia Gestaltica!

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