Los ojos del hermano eterno

Corría el año 2013 cuando Ángela me regaló este libro, con cariño en su dedicatoria y gentileza en su entrega, gracias. Corrí yo, por aquel entonces, en su lectura. Me enredé en mi trama buscando el final de Virata en cada uno de sus procesos, ‘El Rayo de la Espada’, ‘La Fuente de la Justicia’, ‘El Campo del Buen Consejo’, ‘La Estrella de la Soledad’.

Con mis prisas y las mayúsculas me perdí un bosque de poesía, las artes del recogimiento: el silencio de la contemplación, el abandono lleno de amor en el espíritu, el hacer el bien a los pobres, la oración con sacrificio.
Mas resonaban mis pasos en la rigidez del silencio.

He vuelto sobre mis pasos a recorrer este mundo breve y eterno que Stefan Zweig deposita en mis manos, en 70 páginas impresas. Si te enredas en tus propios laberintos y de nada te sirve mi experiencia, será la tuya, pero no dejes de leerlo. Paso, peso, piso, poso, puso.

“El invisible me ha enviado una señal que mi corazón ha comprendido.
Maté a mi hermano para que supiera que quien mata al hombre, mata al hermano.
No puedo ser caudillo en la guerra, porque la espada entraña violencia y
la violencia es enemiga de la justicia”.

Tal vez este primer pasaje del libro y la imagen ante el hermano, “corazón del infeliz, que, acurrucado, yacía sobre el suelo, pero ya no latía, y rígidos miraban aquellos ojos abiertos cuyas cuencas negras lo penetraban hasta la médula”… explique a muchos el posicionamiento pacifista de Stefan en el Congreso de Buenos Aires durante la Segunda Guerra Mundial. Sus últimos años de vida han llegado este año a nosotros ilustrados en una excelente película: Adiós a Europa. Tal vez esa misma posición le llevó al suicidio en 1942 cuando el avance de los Nazis invadía el mundo. Tal vez, tal vez.

Me perdí el texto de su última carta, leída en una extraordinaria escena final. Me quedé rezando con la sirvienta brasileña el Padre Nuestro a los pies de la pareja judía. Me quedé, esta vez, recogido en mis médulas, contemplando el silencio, golpeado en el espíritu del amor abandonado, sintiéndome pobre necesitado de bien, sacrifiqué los contenidos con oración.

Los que habitamos países que han sufrido una guerra civil conocemos su carácter fratricida. Toda guerra es fratricida.

Ojalá disfrutes tanto del libro, que te abra las páginas de otros tantos del autor
“El legado de Europa”, “Momentos estelares de la humanidad”,…

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