Escritos sobre hermandad

Susana Gacituaga Espinosa
http://escuchatepsicologosmadrid.es/yo-voy-a-terapia/

Mirando alrededor, por diferentes esquinas se va completando este escrito. Desde lo que hay fuera y lo que hay dentro. Desde Google hasta  mi corazón, pasando por el cuerpo y mis hijos…

 

HERMANOS/AS, CRECER ENTRE NÚMEROS, GENERO Y CULTURA PARENTAL.

 No es fácil encontrar un sentido a cómo el número que ocupamos entre los hermanos, afecta al desarrollo y a las relaciones en la vida.

Es obvio que bajo este “apunte” que la vida nos da; ser el mayor, el pequeño, el mediano, el séptimo, o el único, se incluyen vivencias que orientan nuestra relación fraternal, forjándola en una u otra forma.

Y decía que no es fácil, porque a pesar de que hay variables definidas para cada una de estas “posiciones de nacimiento”, hay otras muchas que las distorsionan o las alteran.

Según los datos estadísticos que nos dirigen hacia lo que “debería ser “, desde este su lenguaje de grupos y subgrupos, la distinción entre hermanos pequeños, mayores y demás, debiera de estar muy clara.

Estas clasificaciones, fácilmente extraíbles de fuentes del día a día (me refiero a la web, Google y el mundo interactivo más inmediato), enmarcan con descaro descripciones tipificadas sobre lo que son las diferencias sutiles y no tan sutiles entre los hermanos y hermanas que nacieron antes o después de.

Según estas fuentes, las características más significativas en el Ranking de las relaciones fraternales que aparecen en la mayoría de clasificaciones que he encontrado son las siguientes:

Sobre el hermano mayor se dice que:

  • Hace padres a sus padres.
  • Recibe sus primeras sonrisas, sus primeros abrazos, también sus primeros miedos e inseguridades.
  • El hermano mayor es el único que vive la experiencia de ser hijo único.
  • Es el que más fotos tiene.
  • Está más estimulado, por lo que es más inteligente en edad adulta. Cuando nace su hermano se siente adulto y crece su autoestima y ganas de ser mayor, por lo que su independencia aumenta.
  • Suelen ser adultos de altos cargos, ocupan posiciones de liderazgo.
  • Son trabajadores y responsables.
  • Viven con inseguridad por el hecho de poder perder el cariño de los padres, condicionados por el nacimiento de un nuevo hijo.
  • Son más perfeccionistas y buscan hacerlo bien de cara a terceros.
  • La mayoría de los presidentes de estados unidos son primogénitos.

Sobre el hermano mediano:

  • Sus padres están más relajados que con la primera crianza, por lo que la atención y el estrés disminuye.
  • No tiene lugar de privilegio.
  • Se siente obligado a competir con el que “sabe” más y con el que es más dependiente que él.
  • Busca su sitio intentando sobresalir en algo especial.
  • Suelen ser adultos creativos y tienden al arte y las profesiones más originales.
  • Al no responder tan firmemente a las normas parentales, se desvincula más fácilmente de estas.
  • Son personas sociables y flexibles, dadas la relaciones que establecen con el pequeño y el mayor, obtienen mayor flexibilidad y adaptación relacional.
  • Suelen ser muy leales, buenos negociadores, difíciles de intimidar. Puede desembocar en un sentimiento de inferioridad e inseguridad si se queda sin sitio y acaba de segundo del hermano mayor. Esto suele pasar más cuando los dos primero son hombres y la tercera (o el resto) mujeres, o a la inversa.

Sobre el hermano pequeño:

  • No vive la pérdida del afecto por el nacimiento de otro hermano, suelen ser más independientes y con menos necesidad de aprobación.
  • Debe luchar por lograr su autonomía, ya que todo el mundo está dispuesto a ayudarle más de lo que necesita.
  • Suelen estar sobre protegidos y mimados.
  • Hay deseo de que siga pequeño y no se le incita tanto a que crezca. Siempre es el que va por detrás.
  • Suelen ser adultos tímidos e independientes.
  • Suelen ser testarudos, manipuladores, sociables y saben ganarse el favor de la gente.

Sobre el  4º,5º,6º,7º .. hermano:

  • Los padres están muy cansados y se crían solos.
  • Suelen ser personas con muchos recursos y mucha necesidad de afecto debido a la soledad de no ser atendidos como especiales.
  • Suelen tener hermanos o hermanas que hacen de padres o madres.
  • Suelen tener mucha diferencia de edad con otros hermanos. A veces se sienten muy solos si la diferencia de edad es muy grande.
  • Viven mucha compañía fraternal de los hermanos y posteriormente los amigos se convierten en grupos importantes para la vida.
  • Muy sociables y con dificultad para la soledad.

En cierta medida, supongo que estos datos y comentarios fácilmente accesibles en Google, tienen la veracidad merecida para tenerlos en cuenta. Pero cuando trabajas con personas, hermanos y hermanas en vidas propias e irrepetibles, se aprecia lo que tan afanadas conclusiones se dejan de lado. Estas laboriosas encuestas y sus datos vuelan, se fulminan al llegar a la vida propia, donde las diferencias individuales y familiares priman sobre lo genérico una vez más.

Y es aquí donde la pregunta habitual en las primeras sesiones de trabajo

¿Tienes hermanas o hermanos? y ¿Qué puesto ocupas tú?, sirven únicamente como dato para una primera fotografía familiar.

Después, el proceso y la vida irán marcando cuál es el rol que cada uno desempeñó en ese “puesto de salida” que tocó al nacer. Roles que a veces cumplen con la norma y nos acercan a la predicción de las encuestas, y otras veces, distancian y rompen los moldes, convirtiéndose en excepciones que confirman la regla. Moldes rotos y descolocados que truncan la ardua tarea de intentar ordenarlo todo, tendencia cada vez más presente en nuestra sociedad. Vidas propias que rompen el deseo de predecir lo impredecible, vidas que desde su realidad vuelven a quedar fuera de lo que debería de ser.

Los roles que cada uno ocupamos en este grupo de hermanos, lo vivido en la piel con la relación fraternal, resaltarán o rebajarán la ley natural, la ley donde el mayor debiera hacer de mayor, el pequeño hacer de pequeño, el padre de padre y la madre de madre…

Estas diferencias y rebeldías humanas, fruto muchas veces de mecanismos neuróticos y otras de acontecimientos vitales, son las que se escriben con la vivencia propia, alterando las normas naturales y las estadísticas, en este juego de roles complicado e imprevisible por ser humano.

Y así surgen frente a nosotros:

Hermanos mayores que “hacen” de pequeños,

Hermanos destronados por la hermana y el rol femenino de la responsabilidad que la tocó de bandera por nacer mujer.

Hermanos pequeños que “hacen” de mayores frente a hermanos enfermos.

Hermanos medianos que se inclinan a uno de los lados ocupando un puesto que no es el suyo.

Hermanos que “hacen” de padres

Hermanas que “hacen” de madres,

Padres que “hacen” de hermanos…

Groso lio familiar que desajusta lo que naturalmente está definido casi sin alteraciones para el resto de especies.

 

DESDE EL CUERPO …

 Basándome en mi propia historia y en eso que muchas veces escuché a la gente decirme “cuando seas madre lo entenderás”, me apetecía abrir un planteamiento en base a la vivencia de ser hermano desde ahí, desde la maternidad de la madre. Desde la maternidad vivida como hermano/a.

Me parece una diferencia muy obvia esto de tener la vivencia de estar con un bebe o no estarlo cuando eres pequeño.

Aquí el orden de nacimiento nos diferencia, facilitando el que unos sí tenemos y otros no la vivencia de acompañan al hermano recién nacido.

Vivencias sobre el acompañar un embarazo y la espera de tener un hermano/a y la experiencia de recibir un bebe en casa. En tu casa. Las diferencias entre los hermanos que son bebés y los que acogen bebés. Huellas corporales que se marcan al abrazar a tu/tus hermanos y huellas corporales que se marcan si un hermano de 2, 3, 4 años te coge en brazos cuando acabas de nacer.

Huellas y abrazos que diferencian los registros de unos y otros. Vivencias que objetivamente unos tenemos y otros no tenemos. Pero que nos diferencian por haber nacido en orden diferente.

Miradas vulnerables que se cruzan y que marcan una experiencia diferente de mayor a pequeño.

No es una idea para sacar conclusiones, nuevamente se desmontarían fácilmente. Es sólo una invitación a que os dejéis sentir en el cuerpo el contacto de un hermano o hermana cuando andabais entretenidos en vuestro cuerpo de niñ@s.

 

Y PREGUNTÉ A MIS HIJOS…¿CÓMO ES ESTO DE SER HERMANO?

Y tal cuál os trascribo lo que me dijeron. A su manera. Manera de niños y hermanos…

Asier 11 años:

“A veces es duro, aunque no te arrepientes porque le puedes enseñar cosas, puedes jugar con alguien en vez de sólo, depende de lo buen hermano que seas con él, te va a tratar bien o mal, ellos son los que aprenden de un hermano mayor.

Te repiten, hacen tus mismas cosas. Eres su héroe a veces.

Pero lo que más mola es tener a alguien con quien pasar el rato y compartir tus cosas.

Ser hijo único es a veces muy aburrido. Te hacen solo caso a ti, pero si están trabajando y no te hacen caso, no tienes a nadie con quien jugar.

Y tener un hermano es como tener un mejor amigo que vive contigo…”

Javi 6 años:

“ Me siento feliz.

Algunas veces no me hace caso, nos pegamos pero algunas veces lo arreglamos.

Un hermano mayor para mi parece un burullo ( estar súper feliz y no estar sólo nunca) y también jugar a la Wii con él y peleamos pero luego lo solucionamos.

Estoy feliz con mi hermanito.

Algunas veces nos hacemos de rabiar pero después lo solucionamos. Por las noches dormimos súper juntitos y mamá y papá nos cuentan un cuento.”

  

SOBRE LA TERAPIA Y LA VIDA: HERMANOS Y ENCUENTROS CONSCIENTES…

No son pocas las veces que tras lágrimas, gritos y sonrisas expresadas en las sesiones de terapia se escucha esta reflexión en la sala:

Sabes…, me da miedo pensar que estoy loca. Tal vez todo esto sea mentira…, fruto de mi imaginación. A lo mejor estoy exagerando. No sé si todo esto FUE verdad…

 Y es que no es fácil sostener algunos “trazos de vida”. Trazos que por su dificultad y nuestra vulnerabilidad infantil, quedan cubiertos por lo que cada uno pudo echar encima.

La alegría histérica, la negación sepulcral, la mágica proyección o la ingenua idealización entre otras, cubrieron durante largos años esos “trazos de dolor”. “Trazos” que pasan de existir únicamente por el sutil olor que desprenden, a aparecer sin velos, sin cobertura…, ofreciendo, una vez más, la oportunidad de abrazarlos para alojarse en un hueco más cercano en nuestra historia de vida. Momento este, en el que la vivencia entre lo real y lo imaginario nos confunde, dejándonos suspendidos en la necesidad de descansar en su realidad, y el miedo a que sean fruto de nuestra locura.

           -¿Podrías hablar con tu hermano? Tal vez pueda aclararte algo de aquello…

 -¿Cómo? No creo que sepa nada de esto, estaba en otra cosa, era más pequeño, no le puedo contar esto, no quiero hacerle daño. No es buena idea…

 Y vuelves a quedarte solo, en tu realidad dudosa, con tu miedo a que no sea real y tu deseo de no estar loco…

Y el tiempo pasa.

Y la necesidad de compañía en ese lugar de incertidumbre e impasse se hace más grande.

Hasta que la soledad asfixia tanto que tienes que romper el pacto. El pacto de proteger al pequeño, el de no mirar a las esquinas, el de fingir que no ocurre nada. Y necesitas enfrentarte al miedo de mirar, y a la calma de que tal vez no estuvieras solo, puede ser que ÉL o ELLA estuviera “allí”. Puede ser que por fin sepas si estuviste solo o acompañado tras las paredes de tu piel.

Es bonito escuchar y vivir la emoción de no estar loco…

            -Estaba allí, si que estaba…

           -Las mismas escenas, los mismos días.

           -Olía la misma comida, el mismo tabaco. Sintió el mismo frio, el mismo calor….

            -Solo que estaba en otra esquina.

            -Ahora le veo… tras su pared.

            -Pero solo a unos pocos metros, centímetros a veces, milímetros tal vez…

            -Desde su esquina se ven otros ángulos, otras paredes, otras imágenes…

            -Pero la misma casa.

 Y quiero escribir aquí sobre esta que llamo a mi manera “hermandad disimulada”. Hermandad disimulada que pone distancia, que esconde el amor de un niño hacia su hermano desde el deseo de que él no esté ahí, desde el amor de que no esté siendo testigo, desde el amor de que sea insensible, desde el amor por protegerle.

Hermandad distante que mezcla el miedo a ser tocada y romperse, con las ganas de ser abrazada y descansar.

Hermandad que empieza a sanar con un movimiento de cabeza sutil, de arriba abajo, que acompaña un “Sí, es cierto, no estás loca, yo estuve allí”.

Esa compañía que parece caducada por los años y que por primera vez se siente en la piel y en el corazón.

Contacto de hermanos, contacto de hermanas, que el tiempo trae como una gota de agua en la piel quebrada por los años.

Da igual si nos vemos o no. Probablemente seguimos en esquinas diferentes.  

-El abrazo ha merecido la pena.

Compañía recuperada que se impone a la soledad y a la locura, compañero y hermano que permanecerá en tu “libro de vida”.

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2 comentarios en “Escritos sobre hermandad

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