Una lectura de Brother and Sisters, Myth and Reality de Henry Abramovitch*

“Our families are like houses; you get the room that is not yet filled.”
Kelsh and Quindlen

 

La hermandad es una relación fundamental en la existencia humana. Sin embargo, la hermandad ha sido poco explorada en el campo de la psicología y, el caso de la psicología junguiana, disciplina a la que pertenece el autor, no es una excepción. El autor se propone subsanar en la medida de lo posible este omiso y para ello parte de una premisa simple, que para poder comprender al ser y comprenderse a uno mismo es importante entender la relación que se mantiene con los hermanos y hermanas. Además, se propone explorar esta relación a través de los mitos, en concreto a través de la exégesis en clave analítica de la Biblia.

Un primer principio que guía el análisis es la convicción de que cada uno de nosotros lleva en su interior la imagen del hermano y hermana ideal/idealizado y por ende de sus gemelos malignos. Nuestra existencia como hermanos y hermanas se desarrolla en el espacio vacío que se da entre el mito y la realidad, frecuentemente dolorosa [1]. Mientras que Freud tomó inspiración para su trabajo de la mitología griega, donde los conflictos son principalmente intergeneracionales, Abramovitch se inspira principalmente en los cinco libros de Moisés, donde priman los conflictos entre hermanos, empezando por Caín y Abel.

En primer lugar el autor cuestiona si el desajuste entre mito y realidad no habrá influenciado el  corpus teórico de los psicólogos y psicoanalistas en su conjunto, desde los más prestigiosos hasta los menos. Se cuestiona si conflictos irresueltos relacionados con sus propios hermanos no han condicionado sus casos y su pensamiento teórico. O dicho de otro modo, si al no haber tomado consciencia de los traumas proprios relacionados con los hermanos, se habrán generado puntos negros que la disciplina en su conjunto ha heredado.

A modo de ilustración Abramovitch expone brevemente los casos de Freud y su hermano Julius, Jung y su hermana Trudi, Melanie Klein y su hermano Emmanuel, y constata vacíos importantes en el trabajo de análisis de los casos más importantes de estos analistas. Por supuesto que no ignoraban la importancia de los vínculos de hermandad ni la importancia de los arquetipos de hermano y hermana, sino más bien que los análisis se llevaban a cabo con un bias a favor de la relación padre/hijos, madre/hijos, sin incorporar a los hermanos dentro del cuadro de la “sagrada familia”.

Exploramos junto al autor las implicaciones del orden de nacimiento (birth order) y de la creación de un hermano sombra (shadow sibling), un concepto que se puede ver en parte como una línea entre los polos bueno/malo de la hermandad. Un polo es el arquetipo negativo representante de rivalidad, odio, fratricidio, dominación, jerarquía, competencia, mientras que el positivo representa solidaridad, familiaridad, unión, lealtad. La linea entre estos dos polos es un continuo que va desde la cooperación hasta la competición, con diferentes niveles que van desde la mayor intimidad hasta la mayor hostilidad.

A su vez esta línea continua se entrelaza con la teoría del nicho, en la que cada nuevo miembro de la hermandad va ocupando el espacio físico y simbólico que queda libre. Además, esta fragmentación en espacios compartimentados puede ocasionar tensión entre la creencia del primogénito que dice “yo primero” y la creencia “todos iguales” de los hermanos menores. Según Abramovitch la tensión entre estas creencias se ve reflejada en la historia tantas veces narrada de Moisés, que con la décima plaga sacrifica a todos los primogénitos de Egipto. [2]

La teoría del nicho también es útil para entender los casos de los hijos únicos que cubren todo el espectro de las posibilidades, y que incorporan características consideradas femeninas y masculinas. Cuando hay hermanos y hermanas cada uno crece a la sombra del otro o bien ocupa el espacio que el otro ha dejado vacío, lo cuál lleva al desarrollo de una personalidad fragmentada. Los espacios ocupados simbólica (y frecuentemente físicamente) por el otro se viven como espacios prohibidos y el intento por “ocuparlos” puede percibirse como una invasión. En la medida que los niños tengan progenitores que fomenten la diferenciación y competitividad la posibilidad de desarrollar una personalidad fragmentada es mayor.

Gracias a la exégesis que lleva acabo Abramovitch de Génesis 4 y breve comentario de los textos sagrados Mahabharata y Ramayana, se nos presentan conceptos importantes para una teoría de la hermandad para usar en terapia. Por ejemplo, el concepto contrastive identity, un tipo de identidad desarrollada por los hermanos menores en oposición a la identidad del primogénito, inevitablemente comparados con el primero, cuya identidad se resume ante la mirada de los progenitores en: él es el primero.

Otro concepto clave es el de dethronement, vinculado al orden de nacimiento. Este concepto denota el proceso y trauma causado cuando el hijo mayor pierde su preferencia frente al hijo menor. El autor cree que si esto sucede y se dan las siguientes tres condiciones, puede llevar a un desarrollo violento de la relación entre hermanos. En primer lugar los hermanos deben de tener identidades altamente polarizadas (shadow), luego debe existir un tratamiento diferencial claro por parte de una figura parental (podemos aquí pensar incluso en instituciones). Y por último, uno de los hermanos debe sentir que su posición es de humillación y privación y que el otro permanece en silencio y pasivo ante esa injusticia. Abramovich extrapola esta situación al terreno de  comunidades hermanas entre las cuales se producen episodios de violencia. Sugiere:  “my interpretation of Genesis 4 suggests that violent reactions, by individuals and by sibling-like ethnic groups, are rooted in a sibling psychology.”[3] O dicho de otro modo, que cuando comunidades hermanas se enfrentan de modo violento esto se puede relacionar con la psicología de la hermandad.

Lo contrario se da cuando existe desidentificación en las relaciones entre hermanos, lo cuál hace que bajen las posibilidades de violencia pero también genera menor cercanía emocional. En el caso del grupo familiar bíblico de Abraham se plantea una separación con acuerdo que evita el conflicto, incluso sacrificando parte de lo que pueda corresponderle a alguno, con tal de conservar la relación de responsabilidad mutua. En muchos casos esto lleva a un tipo de relación de hermanos rituales, hermanos que se ven en celebraciones familiares como bodas, funerales, cumpleaños, pero no tienen una relación cotidiana estrecha ni lazos afectivos fuertes.

Hay muchos conflictos psicológicos que podemos encontrarnos al trabajar con las relaciones entre hermanos. Un clásico, que también encontramos en la Biblia con Seth y Abel, es el síndrome del niño de remplazo, que ocupa la identidad del hermano muerto, a veces incluso con el mismo nombre. Esto acarrea un enorme peso y a la vez un inmenso potencial de creatividad e individuación. Es el caso de la comunidad judía donde es tradición otorgar a los niños los nombres de parientes muertos. También se los puede hacer depositarios de una identidad comunitaria. Un entrevistado comentaba en relación al Holocausto: “My mother was in the Warsaw Ghetto, but she escaped. I was never there, but I cannot get out.”[4]

Con el ejemplo bíblico de Noé se ilustra otro conflicto clásico de desacuerdo entre hermanos: cuando entre ellos existe una percepción dividida sobre el padre o la madre, y algunos se pone del lado de este/a y otros del lado opuesto. Por ejemplo, en los casos de abusos sexuales donde los que no los han sufrido defienden al padre/madre frente a las acusaciones. Pero no hace falta ir a casos tan graves, basta, como en el caso de Noé, que un hermano vea a su padre “desnudo”, léase no idealizado, para que los otros hermanos lo excluyan de la familia.

Otro concepto que presenta Abramovitch es el de stolen persona, al hablar de Lea y Rachel. En este caso una hermana desea ser amada por la características que se le atribuyen a la otra y viceversa. En esta historia el objeto de deseo es el marido común de las hermanas, pero cuando dentro del hogar un progenitor tiene preferencia por uno de los hijos y el otro por el otro, suele suceder que cada niño aspira a recibir el amor del otro progenitor buscando asemejarse a su hermano. Es decir que uno cree que será amado en la medida que reúna las características del otro, así aspirando al amor del progenitor con el que no tiene preferencia.

Por supuesto, las relaciones entre hermanos y hermanas no tienen porque ser conflictivas. Para ilustrarlas el autor nos habla de la familia de Jacobo y José, cuyos hijos se apoyan y restablecen el equilibrio de igualdad y respeto perdido al inicio de Génesis con Caín y Abel. A través de este núcleo familiar Abramovitch ilustra dos posibles posturas ante la hermandad: la de la psicología de la escasez o la de la abundancia. Mientras que en la primera los hermanos llevan la cuenta de lo dado y lo debido, en la segunda los hermanos dan sin esperar nada a cambio.

También tenemos relaciones entre hermanos complementarios, como en el caso de Moisés, Aharon y Miriam, en cuyo caso cuando falta uno de los hermanos los otros se ven disminuidos, consiguiendo un menor grado de éxito. El autor menciona casos de la vida real y más actuales como el de los hermanos Wright o los hermanos Gershwin o las hermanas Williams. En el caso de lazos de hermandad muy estrechos es doloroso comprobar que el proceso de duelo de los hermanos se ve eclipsado por el dolor de los padres. En muchos casos son duelos no sancionados. Fijémonos que por ejemplo no hay términos en inglés ni en nuestro idioma para señalar a alguien que ha perdido un hermano o hermana y generalmente están excluidos a nivel administrativo de recibir notificaciones o tomar decisiones.

El libro concluye con una reflexión personal del autor sobre su relación con sus hermanos pero antes dedica un capítulo a cuestionar cómo afectan las relaciones entre hermanos durante los procesos de terapia. Constata que como terapeutas no recibimos entrenamiento ni teoría sobre relaciones entre hermanos ni sabemos cómo afectan estas a la transferencia y la contratransferencia lo cuál es un handicap en la relación de ayuda. A la vez, si empezamos a trabajar estas relaciones podemos ampliar nuestro abanico de opciones a la hora de ayudar al paciente a que salga de su zona de confort, que explore el mundo que ha tachado de off-limits e ir apropiándose de sus sombras. Se nos abre como terapeutas todo un universo de posibilidades de trabajo para llegar a una mayor comprensión de nosotros mismos y de los procesos de terapia.

Reseña de Clarisa González Ortiz

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El autor del libro, Henry Abramovitch es un analista junguiano y psicólogo clínico norteamericano afincado en Israel, fundador del Instituto de Psicología Junguiana de Israel y profesor del Departamento de Educación Médica de la Universidad de Tel Aviv.

Notas:

* Debido a la falta de un término en castellano que se refiera a hermanos y hermanas en su conjunto (siblings en inglés) y con el propósito de agilizar la lectura se ha escrito esta reseña utilizando el género gramatical masculino aunque debe siempre entenderse que se trata de hermano/s y hermana/s.

Los datos del libro reseñado son:   Abramovitch, Henry; Brothers and Sisters, Myth and Reality, Texas A&M University Press, 2014, 111 páginas.

Y la cita de la reseña es de Kelsh, Nick and Quindlen, Anna; Siblings, Penguin Studio, New York, 1998. Pág. 37.

[1] Abramovitch, op.cit. Pág. XIV.

[2] Abramovitch, op.cit. Pág. 21

[3] Abramovitch, op.cit. Pág. 48

[4]Abramovitch, op.cit. Pág. 53

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