Cuatro hermanos

Rafael Contreras

Cuatro hermanos somos, unidos en torno al padre. Cuatro hermanos somos, expresando lo masculino en un ambiente marcadamente femenino. Cuatro hermanos somos, hijos del patriarcado, conviviendo en una red de relaciones de un claro matriarcado.

Cuatro hermanos fuimos cuando el padre se fue, cuando el referente masculino nos dejó. Y nos dejó perdidos, desorientados, sin pistas ni pautas claras de como afrontar lo que se nos venía. Tan solo con un sincero deseo de unión, de hermandad por encima de todas las cosas, sin importar nada más, ni relaciones personales, ni individualidad. El grupo, la tribu, como único ideal y guía.

Y ocurrió que nos dispersamos, que huimos cada uno para un lado distinto, que dejamos de mirarnos, que perdimos cualquier rastro de unión, que pusimos en primer plano nuestras diferencias de hombre y éstas nos separaron, que puso en evidencia la falta de cohesión e intimidad entre nosotros y sacó a primer plano las heridas del pasado no resueltas.

Tan distintos a las hermanas, unidas y en intimidad aún a pesar de las diferencias, con esa complicidad femenina que hace de las relaciones algo tan familiar (aunque no seas de sangre), tan hogareño, tan solidario….

No. Los hombres de mi familia hemos sido y crecido gracias al apoyo y sustento femenino, en momentos dependiente, en momentos manipulador, en momentos castrante y en muchos momentos muy cómodo para nosotros y muy pesado para las mujeres…Vulnerables con miedo a mostrarnos vulnerables, necesitados de afecto empeñados en mostrarnos fuertes, ausentes con necesidad de hacernos presentes…:Alcohólicos, parejas fallidas, muertes prematuras, enfermedades cardiovasculares, depresiones, agresividad pasiva, emoción siempre contenida…

Los cuatro hermanos volvemos a mirarnos, gracias esta vez a la madre, que ahora nos pide que la acompañemos en este período de vulnerabilidad que da la vejez. Y volvemos a vernos, con deseo de unión familiar renovado y con el mismo pudor y dificultad emocional de encontrarnos. Seguimos siendo hombres con necesidad de apoyo de otros hombres y con igual y más consciente dificultad de mirarnos desde la desnudez y la vulnerabilidad de nuestro propios afectos y necesidades. Esta necesidad es la que afortunadamente he podido ir desarrollando con otros hombres con los que he tenido la suerte de compartir vida, inquietudes y amistad…y que han sido y siguen siendo como mis hermanos. Son hermanos de vida, no sólo de sangre, referentes alternativos de una masculinidad distinta, necesaria, que nutre, que libera y que ofrece raíces e identidad y puede ofrecer respuestas a las cuestiones vitales ligadas a cualquier hombre: paternidad, sexualidad, intimidad, vulnerabilidad, vejez…

Como hermanos de sangre,seguimos teniendo ese espíritu tribal de cerrar filas en torno a los mayores, ese sigue siendo nuestro cálido punto de encuentro, nuestro legado paterno…quién sabe, quizás en este trayecto que estamos recorriendo junto a la madre, podamos ir aceptando,integrando y encontrando nuestro ser hombre en esta familia de mujeres fuertes y de hombres perdidos ( o en búsqueda de su camino).

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