Carta a Gerardo

Toñi Maquirriaín

Querido hermano,

esta es la segunda carta que te escribo en mi vida, la primera estabas en la India, y ésta llega tras 28 años de tu muerte.

Quiero contarte cómo me va la vida sin ti. Siento me descarga, me libera y me ayuda a dejarte ir. Tres cosas costosas para mí.

La verdad es que vivir sin ti ha sido arduo y doloroso. Estaba tan ocupada contigo, tan pegada a ti que tan brutal vacío lo rellené haciendo muchas cosas, y olvidándome de mis necesidades. Hoy he encontrado una vía. Estoy contenta. Estás dentro de otra manera.

Has estado muy presente por no estar, vivir el camino de la pérdida, la pena y el lamento tiene lo suyo. Te he echado tanto de menos, tu nombre, tus amigos, tus cosas, tus hobbies, tus bromas, tus casas, tu enfermedad, siempre “tan” en mis adentros. Siempre tú en mi cabecita loca.

Creo que mi duelo por ti será de por vida, aunque hoy te llevo dentro, más que nunca, fortaleciéndome.

Así, voy yendo con los años por el camino de la resignación, y mejor, por el del agradecimiento. Esto de las emociones va por momentos. Voy integrando tu pérdida con otro tono interno, van sonando otras melodías.

Hacia fuera, trabajé hasta la extenuación tras acabar Pedagogía, así escapé de mi dolor, me rompí, sobreviví. De todo hubo. Gracias que empecé a cuidarme personalmente y aquí sigo. Me formé como terapeuta, fui mamá de un niño precioso, Aimar. Ya es un adolescente. Algunos de tus amigos y yo, como no, le encontramos parecido a ti. Es muy bonito, la verdad. ¡Ay!! Me dice muchas veces que le hubiera gustado TANTO conocerte. Y a mí que lo conocieras. A veces le cuento cosas. Los últimos trece años he estado ocupada con la crianza, el trabajo, los papás…

Ahora mi familia son Jose y él, y mis amig@s, ahora sí recibo y me doy más a ellos.

Estoy cogiendo las riendas de mi persona, voy conociéndome y reorganizándome, y cada vez soy más consciente de cómo quiero vivir lo que me queda.

En algunos de los cursos que he asistido me dicen que soy una persona resiliente, esto es con gran capacidad de resarcirme de las vivencias y situaciones tan  duras que he aprovechado y me han fortalecido. Me gusto bastante más ahora.

La escuela de nuestra casa y barrio, me ha servido. Ya me decías algo de eso, quiero recordar. Me siento vulnerable y fuerte.

Sé que lo traumático he de seguir curándolo, está metido dentro. Me sale aún tristeza y rabia por todo, contra ti, por irte, por dejarme sola, porque no hayas podido conocer a Aimar, por estar tan enganchada a ti, por cómo te fuiste, por tu sufrimiento y por el mío, ¡Dios! Mi tendencia es a engancharme en el dolor, en la carencia, en el sufrimiento. Creo me voy curando, harta ya de ello-

En mi vida también veo que hay cosas bien bonitas, que quiero para mí, me gustan, y voy atreviéndome a vivir sin vergüenza. Ahí ando, soltando lo que no tuve, las carencias y el abandono y queriendo quedarme con lo que sí me alimentó todo eso también, y con lo que tengo.

Hoy sé que eché de menos más tiempo contigo, quizás por eso me quedé tan pegada a ti. Nacer once años después tuyo fue tarde para mí. Cuando tu querías volar, yo te pedía que te quedaras, que jugaras conmigo, o que me llevaras contigo. ¿Vaya rabietas! No pudo ser, y quedé colgada de ese deseo para siempre. Te admiraba tanto, eras mi “tato”, mi único hermano. Esto, entiendo, estaba detrás del porqué no te he dejado ir, volar en paz, hasta ahora.

¡Este año cumplo 50 años, wow!  ya me toca otra cosa. Quiero aprovechar la familia que tengo ahora, y a mis otros hermanos de vida, muchas personas que se van poniendo en mi camino, con las que medito, charlo, bailo, canto, trabajo. Juntos  nos acompañamos, aprendemos cada uno de lo suyo.

Me queda pendiente hablarte de tu epitafio (que ya sólo queda en mi mente) : “Tu vivir no fue tu vivir, fue también el mío “, hoy no me suena bien, no es verdad .Tu vida fue tuya y la mía, mía, como canta Concha Buika en una copla. Más claridad e independencia, más sano.

Te quiero agradecer Gerardo lo que sí me llevé de ti, lo me disté, tu sonrisa, tu humor, tu compañía, tus amigos (los que perdimos juntos, y los que quedan, los que aún me ven y te recuerdan con tanto cariño), tus ánimos para mis estudios, tu pasión por la música.

Quiero contarte que llevo dos años explorando mi voz en un taller con una profesora, he empezado a cantar en un grupo de Góspel, ya sabes que siempre me gustó cantar. Y quiero sacar mi vena artística, atreverme a ello. Me siento feliz cantando y cantando en un coro. He descubierto que canto y me emociono, y me alegro y me conecto con mis muertos y conmigo.

Quiero que la pasión por música me lleve por un nuevo sendero. La relaciono contigo hermano, con mi guitarra y profesores, con tu apoyo, tus músicas y legado musical, con lo que está en mis adentros Quiero llevar esto a mis sesiones con la gente, a mí me ha servido la música y creo en ella.

Creo que te hubiera gustado verme trabajar de terapeuta, por tu sensibilidad e historia y,  además, por nuestra historia familiar…A la familia debo el ser hoy esta profesión y más la formación como terapeuta familiar y de pareja. Lo vivido me ha servido y enseñado mucho. Lo hago para reparar mi dolor y devolver parte de lo aprendido ayudando a otros a curar los suyos.

Como terapeuta he encontrado otra familia, otros padres (maestros), y hermanos de vida, compartiendo el proceso y apoyándome en ellos, cogiendo impulso, descansando, llorando, disfrutando de los hallazgos, compartiendo pérdidas…

Voy buscando aflojar lo que aprieta, lo que ahoga, y coger más fuerza.

Gracias hermano por estar orgulloso de mí. Gracias por lo recibido, por todo tu Ser.

Cuando pensaba que mi hermandad contigo fue dar más que recibir, mirarte más que me miraras, creo estaba equivocada. Perdona por pedirte y tener tantas exigencias. ¡Ay! ¡Seguiremos siendo siempre hermanos!

Querido hermano, hermanos de vida y hermanos lectores, os dejo cuatro canciones que os hagan vibrar allá donde estéis.

Resueno con ellas, con sus cantantes, que ejemplifican mi aprendizaje de vida con mi hermano de sangre, el camino propio con lo fraterno.

Querido Hermano, me despido tras el lamento y la resignación, con mi agradecimiento”.

Que las disfrutéis tanto como yo, con un beso eterno, que dure una vida, mi queridos, amados, Hermanos.

(*)

– Dani Martin. “Mi lamento”:

– En voz de Miguel Poveda, la canción del canto de la resignación de José Luis Ortiz Nuevo y Juan Carlos Romero: (http://www.coveralia.com/letras/canto-de-la-resignacion-miguel-poveda.php)

– La milonga del Moro judío de Jorge Drexler:

– O Que É O Que É – Maria Bethânia (DVD “Brasileirinho”):

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