Musketaquid

Enrique de Diego

Poesía. Te ha de llegar a tiempo, no cualquier momento es recomendable, pero no te pierdas este paseo de la mano de estos dos hermanos, Henry y John. Durante nueve meses cada vez que he subido a un tren, a un avión, cuando se abrían las puertas del metro, yo me he subido y bajado de la embarcación con estos dos señores de veintidós y veintiséis años. Y han sido viajes preciosos.“Es un ensayo en movimiento: un viaje río abajo donde el pensamiento fluye en perfecta armonía con las aguas y el paisaje, y a contra corriente de toda reflexión domesticada”, nos dicen en la contraportada.

Los he buscado como hermanos, esperé encontrarlos hasta el final. Lo escribe Henry, los ojos del lector, de quien me he enamorado. Nos ofrece el regalo de sus descripciones, sus reflexiones y silencios, los frutos, nos muestra lo que ven, lo que sienten y lo que piensan. De los pocos datos que descubrí leyendo el libro: viajan para viajar, luego escriben. Ni una sola mención a la muerte de su hermano John, acaecida al poco de regresar de este viaje, un corte al afeitarse y el tétanos.

He leído uno de sus poemas como un canto a su hermano, pero estaba muy entregado, también ellos: “Henry David se ve profundamente afectado por la súbita muerte de su hermano y compañero, con el que había compartido éste y otros muchos viajes y proyectos. Comienza así a exorcizar su dolor a través de la escritura y como un homenaje a su hermano se lanza a la redacción de Musketaquid”. Yo siento que en el libro están y son ellos.

Es un libro de poesía, tema que aborda en sucesivas ocasiones y que ilustra con poemas propios y ajenos. Es un viaje, y no es un libro de viajes. “El viaje verdadero y sincero no es ningún pasatiempos, sino que es tan serio como la tumba”. Está plagado de temáticas, filosofía, ecología, religión, amor, no violencia, poesía, lectura y escritura y mucha erudición. De nuevo sorprendido por la edad de nuestro autor -22 años en el viaje- nuevamente por 1.839. Lo escribió a los 28, cuando se retiró dos años a una cabaña en los bosques. También allí Walden, su libro más conocido.

De entre todas las interesantísimas reflexiones y documentaciones, una destaca en las veintiséis páginas que le dedica: La Amistad. “… a veces se nos dice que amemos al prójimo, es decir que mantengamos una relación verdadera con él, para poder darle lo mejor de nosotros y poder recibir lo mejor de él. Entre aquellas personas que comparten una verdad sana, hay amor”.

 El texto está sembrado de perlas y para descubrirlas tendrás que pasar esclusas y cascadas, desiertos y cordilleras, pero como viajamos por el río Musketaquid -nombre indio del río Concord- echo a estas aguas otro cebo: “La verdad nunca recrimina la falsedad, su propia franqueza es la corrección más severa”.

Todo un descubrimiento para mí, he empezado a interesarme por Henry David Thoreau, un solitario solidario al que no voy a describir, ni desvelar más de lo que él mismo hace en este poema de la página 355, con la pura técnica gestáltica de identificarse con lo percibido:

“Un día vi un ramo de violetas en un jarrón de cristal, ligeramente atadas con una brizna de paja, que me recordaron a mí.

 Soy un manojo de esfuerzos vanos,
unidos por casualidad
balanceándose aquí y allá, con unos lazos
tan sueltos que parecen hechos,
en mi opinión,
para un clima más benigno.

Un ramo de violetas desarraigadas,
mezcladas con acederas,
atadas por una brizna de paja
que otrora se enredase en sus brotes;
ésa es la ley
a la que estoy sometido.

Un ramillete que el viento recogió de
esos bellos Campos Elíseos,
a toda prisa, junto a hierbas y tallos rotos,
es la ruidosa muchedumbre
que desperdicia
el día que se le ofrece.

Aquí florezco durante un instante sin ser visto,
bebiéndome mi savia,
sin raíces en la tierra
que mantengan verdes mis ramas,
erguido
en un sencillo jarrón.

Algunos capullos tiernos se quedaron en mi tallo
en una imitación de la vida,
pero ¡ah!, mis hijos no sabrán,
hasta que el tiempo los marchite,
la desgracia
a la que se ven sometidos.

Pero ahora lo veo claro, no fui arrancado en vano,
para ser colocado en el jarrón
de la vida hasta que muriese,
dino que una amable mano me llevó
vivo
a un lugar extranjero.

El campo expoliado pronto redimirá sus horas,
y con la llegada de un nuevo año,
bien lo sabe Dios, y un aire más libre,
dará más frutas y verá brotar
flores más hermosas,
mientras yo aquí languidezco”

Sea éste un buen lugar extranjero, broten en ti las flores más hermosas, que su lectura produzca frutos y ratos maravillosos.

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2 comentarios en “Musketaquid

  1. Pepe Valero dijo:

    Qué bello y cuidado comentario, Enrique. Y qué hermoso descubrimiento esta joya de Thoreau a quien leí en los años 80 a propósito de un trabajo sobre Skinner, el inventor del conductismo, que tituló su obra más conocida (sobre una sociedad ideal) Walden2 en honor del libro magnífico de Thoreau, el más conocido: Walden.
    Lo dicho, y agradecido también por tan hermosa (y gestáltica) poesía. Compraré Musketaquid

    Me gusta

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